Cada año millones de personas invierten enormes cantidades de dinero en productos y tratamientos dirigidos a prevenir, controlar o disimular las manifestaciones del envejecimiento prematuro de la piel. Sin embargo, la causa más importante del deterioro de la piel parece ser la exposición a la radiación ultravioleta de la luz solar.

Es sorprendente y paradójico, entonces, que en las sociedades occidentales, tan preocupadas por preservar la apariencia juvenil, el bronceado de la piel sea un símbolo de salud y bienestar. La única medida de prevención suele ser la aplicación de protectores solares, en espera de evitar la quemadura solar, a la cual se otorga gran importancia. Ahora, gracias a los resultados de nuevos experimentos, comienza a comprenderse mejor el proceso de daño al tejido dérmico inducido por la luz solar, y a separarse de la lesión por bronceado o quemadura.

La evidencia más significativa de los efectos deletéreos de la luz solar sobre la piel humana es el hecho innegable de que los cambios propios del envejecimiento cutáneo, entre ellos pérdida de elasticidad, adelgazamiento (atrofia), máculas pigmentadas (léntigo senil), arrugas y queratosis, aparecen más temprano en las zonas expuestas del cuerpo. Aunque muchas de las modificaciones histológicas propias de la piel senescente guardan relación con el contenido, características y propiedades de las fibras elásticas y de colágeno de la matriz extracelular, hasta la fecha poco se sabe de los mecanismos moleculares subyacentes a tales cambios y de la secuencia de eventos iniciada por las radiaciones solares.

Recientemente, un grupo de dermatólogos y patólogos de la Escuela de Medicina de la Universidad de Michigan, en Ann Arbor, Estados Unidos, realizaron una serie de experiencias que demostraron un significativo incremento de la expresión y actividad de algunas enzimas dérmicas (especialmente metaloproteinasas) que degradan las fibras elásticas y el colágeno, luego de la exposición por breves minutos a los rayos ultravioleta B. Además comprobaron que la aplicación tópica de tretinoína aparentemente disminuye la concentración de dichas enzimas y, por tanto, podría prevenir las reacciones bioquímicas que conducen al envejecimiento de la piel.

Con el fin de estudiar las reacciones cutáneas a la radiación ultravioleta, el doctor John J. Voorhes y sus colaboradores, inicialmente expusieron la piel de la región glútea de un grupo de voluntarios sanos de raza blanca a rayos ultravioleta B (UVB) de intensidad variable. Así definieron en cada individuo, la dosis mínima de radiación que ocasionaba eritema, o MED (por Minimal Erythema Dose), que es la menor intensidad de una radiación capaz de provocar el enrojecimiento de la piel, en las siguientes 24 horas después de la exposición.

En el caso de la radiación UVB (con longitud de onda entre 290 y 320 nm) la MED, por lo general, se ubica en el rango de 20 a 50 mJ/cm2. La región glútea fue elegida considerando que esta zona anatómica no suele ser expuesta a los rayos solares y, por tanto, presenta un mínimo de cambios atribuibles a los procesos de fotoenvejecimiento. En la segunda fase, todos los sujetos fueron expuestos a luz UVB, con intensidad del doble de la correspondiente a la MED, y se tomaron biopsias de piel (tanto irradiada, como cubierta), a intervalos regulares de tiempo, el mismo día y hasta 72 horas después.

Todas las muestras fueron congeladas, procesadas y sometidas a análisis del ARN mensajero que codifica la síntesis de varias metaloproteinasas con capacidad para degradar las moléculas de colágeno y elastina de la matriz extracelular, a saber, colagenasa intersticial, estromelisina I y gelatinasas 92K y 72K. En todas las muestras de piel expuesta a la radiación UV se encontraron niveles de expresión de colagenasa intersticial, estromelisina y gelatinasa 92K, seis a 60 veces superiores a los de la piel no irradiada. El pico máximo de actividad enzimática aparecía 16 a 24 horas después de la exposición de la piel y luego disminuía de manera progresiva, hasta alcanzar los valores normales a las 48 a 72 horas. Además, el estudio histológico de las biopsias reveló cambios de destrucción y/o degeneración de las fibras colágenas y elásticas, previamente descritos como precursores del envejecimiento cutáneo prematuro.

En experiencias posteriores, los investigadores modificaron el nivel de la luz UV entre 0.01 a 1 MED, y encontraron que el grado de expresión y actividad de las enzimas era directamente proporcional a la intensidad de la radiación aplicada sobre la piel. En todas las muestras analizadas, incluso con exposición a radiaciones de apenas 0.1 MED, que equivalen a dos o tres minutos de exposición a la luz en un día soleado y que ni siquiera alcanzan a provocar el enrojecimiento cutáneo, se demostró un incremento significativo en la síntesis local de dichas enzimas.

Algunos estudios han informado que tretinoína, un derivado del ácido retinoico presente en algunos compuestos dermatológicos, reduce la actividad de los factores celulares que controlan la transcripción de las enzimas que lesionan el intersticio de la piel. Por ello, los autores realizaron una evaluación adicional, aplicando este agente a la piel en las horas previas a la irradiación. Los investigadores encontraron una reducción dramática (hasta de 70%) de la expresión y actividad de la gelatinasa 92K y la colagenasa intersticial asociada al uso de tretinoína.

El incremento de la actividad de los factores nucleares de transcripción que estimulan la síntesis y expresión de metaloproteinasas (que destruyen las fibras colágenas y elásticas) sería, en opinión de los autores, el mecanismo desencadenante de los cambios característicos del envejecimiento prematuro de la piel ocasionados por la exposición a la luz solar. De confirmarse la potencial prevención del daño con el uso de retinoides, se habría dado un importante paso en la terapéutica.

RADIACION UV Y PIEL
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